Toda persona que está en disposición de sanar a otra en los planos energéticos va a plantearse esta pregunta: ¿Debemos tener el acuerdo de un enfermo antes de iniciar sobre él, aunque sea discretamente, un trabajo de esta naturaleza?
Para los esenias y los antiguos egipcios,  la respuesta no tenía ambigüedad: No era concebible privar a una persona enferma o un simple paciente de su plena libertad de recibir o no un cuidado o una parte de él.
Entonces, era impensable imponer la Onda de la Luz a quien no la deseaba, cualquiera que fueran las razones de este rechazo, estuviera la persona presente o alejada, estuviera semi-consciente o in-consciente.
Respetar el camino del otro era algo imprescindible, cada uno era en última instancia dueño de sí mismo y por tanto, libre de sus elecciones.
Muchas veces en nuestro afán de ayudar o sanar a alguien le “obligamos” a recibir una terapia, podemos utilizar muchas fórmulas para “obligarlo”, siempre con buenas intenciones, pero no debemos olvidar nunca que el camino de alma de esa persona le corresponde unicamente a él….