¿Qué hay que hacer? Recientemente leí esta pregunta, algo brusca, planteada por uno de vosotros que estáis leyendo ahora. Esta persona, imagino que al igual que otros muchos,  se preguntaba con toda la razón sobre la actitud que debía mantener frente a las repetidas olas de acontecimientos dolorosos, de informaciones alarmantes o indignantes que sacuden el planeta más que nunca… y de paso a todos nosotros.
Sí, ¿qué hay que hacer? En la actualidad, cuando hablamos de todas estas cosas, es casi inevitable pensar en los Mayas. No soy un especialista en su Calendario ni en ninguna de sus profecías, y francamente, ese campo de investigación me afecta poco. Por apasionante que sea, creo que, en efecto, alimenta más el juego de nuestras meninges y de nuestras emociones que los verdaderos latidos de nuestro corazón. Reflexiono de manera diferente… 
Prefiero observar con atención constante el día a día de nuestro mundo, ya que lo que ocurre es suficientemente elocuente para interpelar en profundidad a toda persona dotada de un mínimo de sentido común. No hay necesidad de ser una persona cultivada para comprender claramente que las Instituciones financieras mundiales se asfixian por sí mismas y están al borde del abismo.

No hay que ser economista para darse cuenta de que las poblaciones pobres y oprimidas en numerosos lugares del planeta no aguantan más y se sublevan, que las personas pudientes que todavía somos en general en Occidente vemos nuestro equilibrio cada vez más precario y empezamos a tener miedo. No hay que ser geólogo o climatólogo para constatar que nuestra actividad industrial ha dañado peligrosamente el planeta y que este se rebela y está en vísperas de reorganizarse. 
Sin ninguna duda, todo ello corresponde a ritmos naturales. Las modificaciones geológicas y climáticas así como el apogeo y la decadencia de civilizaciones forman parte indudablemente de los episodios que siempre han puntuado la historia de las sociedades humanas. No hay que negarlo. 
¿Pero quiere eso decir que no hay nada que hacer y que estamos llamados a revivir siempre el mismo guión tal como afirman muchos analistas? ¿Acaso estamos inevitablemente acorralados en la mecánica del Eterno Retorno? 
No es esa mi opinión. El Principio de Evolución no es el que hace al burro girar incansablemente alrededor del eje de una muela hasta excavar un surco en el suelo que pisa. 
“¿Qué hay que hacer?”, sigue preguntándome el mensaje recibido como si su autor esperara de mí una solución prefabricada y directrices a seguir. 
Evidentemente, ¡no tengo las instrucciones de una operación de salvamento de nuestro mundo! Además, ¿quién podría pretender tenerlas, aparte de algunos autoproclamados pseudos-mensajeros del Apocalipsis?
Sin embargo, lo que me parece seguro, es que todos aquellos y aquellas que sean algo inteligentes, consecuentes y que estén dotados  de un mínimo de coraje tienen que dejar de mirar para otro lado manteniendo la cabeza en las arenas de su tranquilidad cotidiana. Ese tiempo ha pasado. 
Cuando es público y notorio que los autores de estafas de gran envergadura, de mentiras mundiales, de injusticias, de malversaciones colosales de fondos, de derroches y de masacres sin nombre tienen las riendas de numerosos puestos clave de nuestras sociedades, ¿cómo es posible que nos callemos y que no reaccionemos sin volvernos cómplices de esta situación? El “No lo sabía” ya no es admisible; es una hipocresía… 
¿Qué hay que hacer entonces? ¿Rezar? ¿Meditar? ¿Retirarse en un rincón en el campo si las circunstancias de nuestra vida nos lo permiten? Estaría tentado de deciros sí, por supuesto, ya que fortalecer nuestra alma es esencial mientras que ofrecer lo mejor a nuestro cuerpo es legítimo… y además porque, últimamente, podemos repetirnos  que todo esto forma parte del juego ilusorio de la Maya. 
Sin embargo, estaría más tentado de deciros de que eso no es suficiente, que es un rodeo, una huida más. 
Creo que, incluso en el corazón de la Maya, la situación actual es tal que pide urgentemente una implicación concreta de todos los que han tomado conciencia de que todos somos responsables del estado de nuestro mundo. 
Esta implicación debe llevar sin vacilar a un “NO” masivo a todas las esclavitudes que ha engendrado nuestra sociedad a través de nuestra cobardía y nuestro egoísmo. 
¿Cómo? A través de lo que llamamos la desobediencia civil, es decir, a través del rechazo a someterse al absurdo, al robo organizado, legalizado, al saqueo, a la mentira, al engaño y a todos los tipos de iniquidad recubiertos de cinismo erigidos en sistemas de funcionamiento. 
Comprendedme bien, no propongo ni una revolución ni la anarquía, ya que estas siempre van acompañadas de violencia. Hemos “combatido” suficiente, o más bien perdido, en esa dirección… 
Solo abogo por una verdadera e irreversible Evolución -un salto cuántico voluntario, diríamos-, una mutación radical y rápida de nuestras mentalidades y de nuestros comportamientos. 
Bernard Benson, el autor del “Libro de la Paz”, un hombre que conocí hace veinticinco años, ya llamaba nuestra atención sobre el hecho de que es totalmente absurdo que varios miles de individuos decidieran por sí mismos la vida de varios millones de personas. 
Hoy día que somos siete mil millones de personas, esta verdad se hace más evidente. 
No soy de los que afirman, como algunos “especialistas en predicción” mundiales, que nuestra especie encontrará la manera de arreglárselas, de reorganizarse y de empezar de nuevo “como antes” con la ayuda de nuevos progresos técnicos. No es la técnica lo que hará que salgamos de nuestro callejón sin salida, sino la expresión del corazón humano, su “Amor-Inteligencia”. 
Soy de los que dicen alto y fuerte que sobre todo no hay que continuar “como antes”, ya que solo una refundición de nuestros valores puede hacernos salir de nuestra hipnosis y de nuestra encrucijada. 
He aquí porqué desobedecer tanto como podamos a nuestros reflejos de consumidores, de derrochadores, a nuestras costumbres de dependencia ciega de los poderes abusivos políticos y religiosos, a las leyes perversas y al Principio del Miedo, me parece hoy día un deber imperioso de conciencia. 
¿Esto os sorprende por parte de alguien que se define como un místico? 
Por lo que a mi respecta, no puedo concebir una Vida de Interioridad o de búsqueda del Divino que ignore la densidad instructora de este mundo, el respeto y el amor de lo Humano. Lo he escrito a menudo: “Todos los mundos solo son Uno”. La búsqueda del Espíritu nunca debe significar la huida de las realidades de la Materia. Uno de los aspectos principales de la Iniciación, o dicho de otro modo, de la revelación del ser a sí mismo, se sitúa ahí… 
¿Os habéis fijado alguna vez hasta qué punto la mayoría de los grandes guías espirituales de nuestra Humanidad han sido paralelamente hombres de acción? Citemos por ejemplo solo a Rama, a Moisés, a Jesús, a Mahoma, al emperador Akbar… Todos se enfrentaron a situaciones sociales y políticas concretas. No huyeron a las cimas de las montañas, ni se escondieron en grutas para encontrarse protegidos, frente al Divino. Se implicaron, participaron activamente, y a veces de manera enérgica, en la remodelación de su sociedad.
Así que, finalmente, ¿qué hacer? Mi opinión nunca será más que mi opinión. Seguramente, corresponde a cada uno decidir lo que debe hacer, en conciencia, con sus medios personales, su fuerza, su osadía… actuando de tal modo que su alma y su cuerpo vivan en coherencia. A ese nivel, “hacer” significará empezar a “ser”. 
¿Lo que sobre todo no hay que hacer? Negar que algo grande está ocurriendo hoy día en la Tierra y burlarse de ello completamente.  Continuar sometiéndose a las iniquidades y a la voluntad de manipulación creciente de las conciencias, es no atreverse a nada, es la tibieza. 
No nos preguntemos por qué el Cristo afirmó: “Dios vomitará a los tibios…”. En términos actuales eso quiere decir que el Movimiento natural de la Vida nunca alimenta a los timoratos y a los indecisos, que la Vida nunca es inmóvil ni gira en círculo de manera indefinida, sino que nos corresponde a nosotros participar en su invención. 
Toda vía espiritual que no se prolonga en su contraparte terrestre solo puede ser incompleta. 
Por ello no temo escribiros hoy: “No tengáis miedo de decir No a la “zombificación” planificada de nuestra especie. No tengamos miedo de desobedecer a lo que visiblemente no es del orden de lo justo. No tengamos miedo de hacer encontrarse lo Vertical y lo Horizontal y de hacer todo lo posible para mantenernos en su ponto de unión. 
Más allá de la diversidad de las fes, el arquetipo de ese Encuentro dice mucho, ¿no creéis?

Daniel Meurois

Traducción: equipo Isthar Luna-Sol