La vida detrás de la vida… 
Una evidencia que ya no se puede esquivar

Por Daniel Meurois

Doce millones en los Estados Unidos y veinte millones en Europa… Hablo aquí del número de personas que han experimentado muertes clínicas y que aportan testimonios de su vivencia en el umbral de la muerte. A estas cifras habría que añadir los de las otras partes del mundo y los de las personas que no se han atrevido a testimoniar y que nunca dirán una palabra por miedo al ridículo…
Al parecer, todo eso no demuestra nada; 30 años después del célebre libro del Doctor Moody y de otros tantos que han publicado numerosas personas dando testimonios aclaratorios, todavía vamos por ahí… Se sigue negando con desdén. 
Entonces. ¿Cuál es esta sociedad nuestra que se ensaña en rechazar o ridiculizar sistemáticamente todos los elementos de reflexión que puede darle al alma una posibilidad de existir?.
Argumentamos, al parecer “científicamente”, afirmando que mientras volvamos a la conciencia es que no estamos muertos y que el cerebro humano tiene últimamente el don de fabricar algo a lo que agarrarse, a esto lo llamamos ilusiones.
Salimos entonces de las estadísticas y los gráficos fríos y desconectados para demostrar que los “x” millones de testimonios no aportan nada a nadie y que, sobre todo, no hay que dejarse impresionar. Finalmente, archivamos el tema porque aparentemente no es digno de interés para los individuos serios.


La realidad es que el verdadero científico, aquél que está abierto y que no consagra su carrera a sostener credos decretados inquebrantables, es muy muy raro.
El arte del cinismo y de la hipocresía, y de la mala fe también, es mucho más fácil de practicar que el de la búsqueda de lo que es verdadero y que pide que abandonemos los a priori.
Por parte de la Iglesia, incluso si no nos fiamos, se podría esperar encontrar una opinión interesante. ¿Creéis? La iglesia no se moja en estos casos. A parte de algunos francotiradores que están obligados de mostrarse muy prudentes e ir de puntillas para no indisponer a sus superiores, la iglesia prefiere callarse y rodear el tema. Se oculta tras el famoso juicio final que elude todas las preguntas. “¡Dios reconocerá a los suyos!”. Sin embargo, la existencia del alma… me parece que la concierne diariamente… ¡y mucho antes de este renombrado fatídico día!
¿Por qué la iglesia no dice nada? Sin duda porque desde hace ya mucho tiempo no sabe lo que hay que decir ni cómo hay que decirlo… porque también desde hace mucho tiempo, ha entrado más en la era de las estrategias políticas, que en el desarrollo del Despertar, que debería ser suyo.
Hay que decir, en defensa de la Ciencia y de la Iglesia, que entre los que hablan de supervivencia del alma después de la muerte, existe un número creciente de falsificadores, de oportunistas y de ignorantes que se hacen pasar por “sabios” y también un número importante de personas desequilibradas. ¡Un batiburrillo! Estamos desorientados…
¿Entonces qué hacer? ¿Lo tiramos todo sin distinción de lo que es bueno o malo? Hasta ahora, solo hemos hecho esto, o casi, cada “parte” argumentando a su manera e ignorando completamente a las otras.
Por otro lado, parece que estamos en una sociedad de adultos… lo dudo.
Rechazar una reflexión sincera sobre la muerte o preferir encoger los hombros cada vez que se habla de esto, no es la prueba que nos convierte en vivos con salud. Es la confesión de una falta de coraje y de una impresionante ceguera.
Sí, reconozcámoslo, cuando los individuos que constituyen un mundo se desinteresan o se burlan de la única certeza que tienen todos en común (la de morir un día) es que tienen un problema de madurez. Tienen tanto miedo de lo que es la vida que prefieren no saber de dónde vienen, cuál es el sentido de lo que viven y a dónde van.
Falta de coraje, falta de lucidez… incontestablemente… aunque a lo mejor simplemente falta de inteligencia y sobre todo de corazón.
Por supuesto, podemos perdonar todo esto y comprenderlo. ¡El descondicionamiento que hay que emprender a nivel de nuestra conciencia y de nuestros comportamientos es tan grande, tanto personal como colectivo!
Está claro que la mayoría de nosotros sufrimos por no saber en qué dirección mirar para poder dar un significado a todas las circunstancias de nuestra vida.
El problema también (y seguramente lo más importante) es que algunos de nosotros (muchas veces muy bien colocados) parecen dedicarse a romper la esperanza y cortar las alas sistemáticamente.
¿Esto les haría tanto daño? ¿Considerar el hecho de que la vida no se para con el latido del corazón y la actividad detectable de los hemisferios cerebrales? Que esto haga rechinar algunos orgullos, no lo dudo…
¿Y qué? Hay puertas que hay que saber pasar. La grandeza de un ser humano se mide por el número de umbrales que consigue franquear y no por el sillón que sostenta.
No estoy diciendo que hay que contarse historias solo para tener esperanza. No hay necesidad de inventar nada. Más allá de los delirios, existen hechos, testimonios, reflexiones serias y creíbles en todas las culturas y por millones.
Entonces, ¿qué esperamos?¿ Estar saturados de ansiolíticos? El universo es tan vasto y tan bello por descubrir…