Un poco de historia.. Sobre el 31 de Octubre

Marca el comienzo y el final del año celta y anuncia el comienzo del Tiempo Negro. En efecto, Samain no pertenece ni al año que termina ni a la que comienza: es un día fuera del tiempo que permite a los vivos encontrar a los difuntos. Y permite también a los difuntos, no reencarnados, pasar al mundo de los vivos para encontrar los lugares y las personas que les eran queridos. Este día, es el primer día de noviembre de nuestro calendario. Pero como todas las principales fiestas celtas, Samain cuenta tres días de solemnidad: el primero se dedicaba a la memoria de los héroes, el segundo a la de todos los difuntos, y el tercero se dedicaba a las celebraciones populares y familiares marcadas por reuniones, banquetes, fiestas de de todo tipo que podían prolongarse durante una semana.

La noche anterior a la de Samain, tenía lugar la ceremonia del renacimiento del fuego. Los propietarios de las casas apagaban los fuegos del fogón antes de reunirse al anochecer en la plaza donde los druidas encendian un nuevo fuego sagrado frotando ramas secas de roble sagrado. A continuación, iban a encender grandes fuegos de alegría en las colinas de los alrededores para alejar a los espíritus malignos. Luego cada dueño de casa se iría con algunas brasas del nuevo fuego sagrado para encender un nuevo fuego en el hogar de su casa que debía durar hasta la próxima fiesta de Samain y proteger así el hogar durante todo el año.

En la noche del 31 de octubre – las fiestas celtas comenzaban al anochecer -, se creía que el mundo de los muertos, hadas y brujas entraba en contacto con el de los vivos. Se creía también, que las almas de los muertos volvían a vagar alrededor de las casas de los vivos, por lo que se dejaba la puerta abierta y un sitio en la mesa y se ponía linternas en los caminos para guiarles.

La tradición de Samain no ha desaparecido completamente ni con la romanización de la Galia, ni con el desarrollo del catolicismo. Y es sin duda, por referencia a esta fiesta celta, que el papa Gregorio IV decidió, en 840, hacer del 1 de noviembre el día de todos los santos. La referencia a Samain se hizo aún más clara cuando, tres siglos después, en la fiesta de los santos y mártires, se añadió la fiesta de todos los muertos.

Con la fiesta americana de Halloween ampliamente mantenida por los medios y la publicidad, apareció Jack O’Lantern, un personaje sacado de un cuento irlandés.

Texto publicado por Marie Johanne – Octubre 2017