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…<<Es fácil comprender que la desarmonía que se adueña de un cuerpo es la resultante de la guerra interior que un ser lleva, a menudo a sus espaldas, contra una circunstancia, contra una persona y, sobre todo, contra sí mismo. ¿Por qué sobre todo? En mi opinión, fue el Maestro Jesús en persona quien expresó mejor la razón, durante una conversación privada con algunos de sus discípulos…

“Con frecuencia os escucho acusar al otro, o a las circunstancias de vuestra vida, cuando la enfermedad toma posesión de vosotros. Clamáis contra la incomprensión, contra la injusticia, e incluso a veces la tomáis con vuestro Padre Celeste… ¡Qué ceguera, amigos míos! ¡Y qué falta de escucha a todo con lo que os cruzáis en vuestro camino! ¿No sois vosotros quienes habéis generado, una tras otra, cada una de las circunstancias y de los encuentros de vuestra vida? ¿No es exacto que si os encontráis ahora frente a mí, es porque habéis hecho elecciones y dirigido vuestros pasos en una dirección y no en otra? Yo soy vuestra circunstancia… para cierta forma de salud.

Escuchadme y creedme… Somos siempre circunstancias unos para otros. Las piezas de un gigantesco juego que atraemos hacia nosotros o que repelemos. Quiero decir que todos somos, unos respecto a otros, oportunidad para crecer o para estancarse. Somos los acontecimientos por los que nos modelamos y nos remodelamos mutuamente.

De este modo nos fabricamos nuestros equilibrios y nuestros desequilibrios. Nuestras ocasiones de salud así como las de nuestras enfermedades son los justos frutos de las elecciones que hacemos. El otro, aquel al que acusamos, no es más que el pretexto tras el cual se esconde nuestra ceguera y nuestra inconsciencia. El enemigo es siempre algo que criamos y al que nutrimos constantemente en nosotros mismos… Y lo inventamos en su totalidad ya que, en realidad, no existe.

Miradme y comprendedme… Me sé adversario, pero no tengo enemigos. Nada en mí, ni a mi alrededor puede estar en guerra, porque no considero que haya nada que forzar ni que abatir. Mi salud habla de mi paz… Tejo mi paz y me invento y me reinvento, eterno e inatacable bajo el sol”.

Extraido del libro “Así Curaban Ellos” de Daniel Meurois

Editorial Isthar Luna Sol