P: En tu libro “Hay Numerosas Moradas”, te centras en la naturaleza de las dimensiones paralelas a nuestra realidad física. ¿Cómo se relacionan estas dimensiones que llamamos “imaginarias” con lo que llamamos mundo “real”?
DM: Ante todo tengo que decir que no me considero una persona que se interese en lo paranormal. Los llamados fenómenos no explicados como tales no me interesan. Soy un místico por naturaleza, lo que para mí no significa un ermitaño sino un explorador entusiasta de los campos de la Conciencia y de la inmensidad de la Vida. Mi destino, el equipaje de mi alma al fin y al cabo, me ha llevado a tener experiencias que no tienen explicación desde un enfoque tradicional del universo.
Desde que era pequeño, y de manera totalmente involuntaria, he manifestado capacidades que me permitían tener la percepción de “espacios de vida” que no estaban “catalogados” y que no eran admitidos por un análisis convencional de nuestro mundo. De este modo, rápidamente me sentí en cierto modo a parte, libre de cualquier dogma, al margen de cualquier sistema científico o religioso, ya que estaba en contacto directo con otras facetas de la vida, es decir, con otras dimensiones de expresión de esta. Por extraño que pueda parecer, he leído poco, no conozco muchas teorías… Sin embargo he experimentado mucho. En mi opinión, el último libro que acabo de publicar es muy importante como testimonio, y lo es por que cada vez me parece más esencial que dilatemos nuestro campo de conciencia de manera individual, por supuesto, pero también a nivel colectivo. Es urgente.
Sorprendentemente, desde hace miles de años nuestro mundo ha experimentado una regresión en relación a su concepción de la infinitud de la vida y de los mundos en los que esta se manifiesta. En este aspecto nuestra sociedad moderna muestra una percepción de lo “real” especialmente estrecha. La limita a lo que pueden captar nuestros sentidos y a lo que nuestra mente puede cuantificar. No tiene la humildad de reconocer que podrían existir otros parámetros de la vida además que los que hoy día conoce. Y aún más sorprendente porque hasta ahora nunca habíamos manejado nociones que tienen relación con lo impalpable. El concepto de virtualidad nos es cada vez más familiar… pero somos incapaces de ampliarlo a nuestra propia vida, al funcionamiento de nuestro ser. Seguimos limitando el concepto de realidad viviendo en una sociedad en la cual la tecnología debería impulsarnos a eliminar las fronteras. Seguimos concibiendo el tiempo exclusivamente como una dimensión lineal y pretendemos creer solo en lo que vemos, en lo que tocamos y medimos.
De esta forma, al llevar la reflexión sobre lo que somos o hacia dónde vamos, hay un gran desfase entre lo que nos sugiere y muestra la tecnología y nuestra estrechez de espíritu. Ese desfase se está convirtiendo cada vez más en una fuente de incoherencias y de sufrimiento en nuestro mundo. Mientras no lo comprendamos no avanzaremos, y reproduciremos la vida continuamente dentro de los mismos límites.
La apertura a la que invito a todos cada vez más conduce de manera inevitable a una percepción tan vasta y hermosa de la Onda de Vida que induce una espiritualidad universal en el sentido más puro del término.
Consideremos nuestra contradicción: podemos concebir que un receptor de televisión pueda captar varios canales, pero nos negamos a aceptar la idea de que nuestra percepción del mundo, y de la realidad, sea posiblemente solo una emisión de vida entre una infinidad de otras. ¿No es sorprendente?
Romper nuestras barreras mentales, ampliar nuestros horizontes interiores, aprender a respirar de un modo diferente, dar un nuevo impulso a nuestro ser profundo. Estas son las razones que me han llevado a escribir Hay numerosas moradas, recordando especialmente los hechos que han marcado mi propio camino de manera significativa.
Creo que hoy es urgente entrar en mutación a nivel de nuestro campo de conciencia… si no queremos desecarnos y limitarnos. El reto está en dar otra definición a la noción de realidad, una definición mucho más amplia. Mis propias investigaciones me llevan a afirmar que aquello a lo que llamamos imaginario no está necesariamente opuesto a lo que llamamos real, sino que es uno de sus motores, sin duda su motor esencial.
P : Exploras especialmente la dimensión del sueño…
DM : El hecho de poder investigar de manera extra-corporal el espacio vibratorio de los sueños ha sido determinante para mí. Gracias a ello he comprendido que las esferas de vida onírica aparecen tan concretas como el mundo en el que nos desplazamos de manera cotidiana. Son proyecciones de nuestro nivel de conciencia, hologramas generados por esta conciencia, creaciones que tienen todas las características de lo tangible cuando nos sumergimos en ellas. A partir de esta constatación, he llegado a percibir nuestro universo material cotidiano como un holograma más, generado por nuestro nivel de conciencia colectivo, es decir, por la comprensión media de lo que es, o lo que sería, la vida. He terminado por considerar como algo evidente que la vida es fruto de un sueño colectivo; traduce una dimensión onírica, es el reflejo de quiénes somos globalmente, como especie.
Si es así como la vemos es porque todos somos responsables por pensarla de ese modo… porque somos incapaces de imaginarla de otra forma. Si mañana la concibiéramos de manera diferente, su estructura atómica se vería radicalmente modificada. En ese sentido coincido con los descubrimientos esenciales de la física cuántica: es la relación que mantenemos con el mundo, la manera en la que lo consideramos y lo pensamos la que determina su coherencia y la naturaleza de sus leyes. En primer lugar, tenemos que ser capaces de imaginar un mundo diferente para engendrar esa diferencia.
P : Considerar que la realidad es una proyección holográmica de la conciencia, ¿no es susceptible de reforzar aún más el ego y dar pie a sus delirios?
DM: Cualquier descubrimiento o cualquier toma de conciencia es análogo a una medalla. Tiene dos caras. Podemos delirar y nutrir el ego con cualquier cosa, incluso con aquello que consideremos sólido e indiscutible. Si un avance conlleva inevitablemente un riesgo para algunas personas, creo que todo estancamiento termina por hundir dramáticamente a un colectivo. Comprender el universo como una manifestación holográmica requiere sin duda cierta madurez, pero, en un momento dado, es necesario que la conciencia colectiva dé un salto cuántico… aunque no todo el mundo pueda seguirlo. El sentido de la evolución exige tales movimientos de reforma del pensamiento.
P : ¿Podemos situar las dimensiones de las que hablas en el espacio o el tiempo de nuestro universo? ¿Están vinculadas a nuestro planeta?
DM : Mi experiencia me lleva a pensar que las otras dimensiones de la Vida coexisten de manera simultánea en el espacio y el tiempo. Para comprender esto, tenemos que separarnos del reflejo ancestral que nos hace mantener la idea de alejamiento temporal y espacial. A menudo vivo el hecho de que “todo está al lado de todo”. La distancia es algo ilusiorio, al igual que el tiempo lineal. Lo que podríamos situar a miles de millones de kilómetros en el cosmos en realidad está a nuestro lado, si sabemos tomar las rutas vibratorias adecuadas.
De hecho, cuando tomamos altura, el alejamiento no es real. Es como si nos preguntáramos “¿Las emisiones del canal 1 de la televisión están más cerca de nosotros que las del canal 2?” Todo se entrecruza. Ir de un punto A a uno B en el espacio o en el tiempo es una cuestión de sintonización de la conciencia, de alcanzar niveles vibratorios.
¿Cómo podemos imaginar una multitud de universos en relación con el nuestro mientras que este ya se nos describe como infinito? Comprendiendo el hecho de que, de manera análoga, en otros países diferentes al nuestro existe igualmente un canal 1 y un canal 2 (por solo citar estos) que emiten películas en lenguas que no conocemos. A veces ocurre que los directores, los actores o los presentadores de diferentes países, de diferentes lenguas se encuentran… Sus longitudes de onda están unas junto a otras… Es lo que ocurre cuando personas como yo tienen experiencias como las que describo en mis libros, y especialmente en Hay numerosas moradas.
P : ¿Qué comprensión te da esta investigación sobre la estructura del mundo que nos rodea, sobre la estructura del cosmos?
DM : Para mí, es evidente que se trata de una estructura puramente ilusoria. Ha evolucionado al mismo tiempo que el conjunto de las formas de vida que la habitan y que la necesitan para crecer. Es la conciencia, o si lo preferimos, la actividad del pensamiento la que da forma a la Materia y la que le da las características que conocemos.
Hay que comprender que la definición de la Materia no es absoluta, sino que está vinculada a nuestra percepción de lo que llamamos realidad. Cuando en estado de decorporación penetro en otros espacios de vida diferentes a este, descubro en ellos una Materia que les es propia y que es tan palpable como la nuestra. Las nociones de materialidad o de sutilidad son a fin de cuentas muy relativas. Podemos hablar de una mayor o menor densidad de la Materia, que estaría en relación directa con la calidad profunda de nuestro ser… impregnado en mayor o menor medida de la percepción de su divinidad original.
Evidentemente, todo ello nos lleva a tomar en consideración el concepto de Maya (el principio global de la Ilusión) que está en la base de las filosofías orientales. Según ese concepto (y yo comparto ese punto de vista), a partir de cierto grado de realización de la conciencia, accedemos a una multitud de universos que, como diferentes estratos de vida imbricados unos sobre otros, son solo el fruto episódico del recorrido de nuestra conciencia en búsqueda de su propia realidad… Y su propia realidad, lo que podemos definir como su Hogar original, es lo que está detrás del laberinto de las moradas ilusorias.
P : Al final, tu exploración conduce a ver la conciencia como el motor de la Materia, ¿no es así?
DM: No solo como el motor, sino como el diseñador, el escultor de un material de base al que llamamos Materia y que percibo como el “Espíritu pesado”, es decir, el Espíritu dispersado, que no recuerda en su mayor parte su identidad original. La Materia… es algo de Espíritu que ha olvidado que es Espíritu… para obligarse a crecer.
: Has escrito que podemos reducir el universo a dos elementos primordiales : el prâna y el akasha, y que cualquier desequilibrio en sus proporciones conlleva la creación de un holograma de vida como el nuestro o el del mundo élfico, por ejemplo. ¿Cuáles son las características de estos elementos?
DM : Diría que toda mi vivencia extracorporal me invita a pensar que la “luz” que es el prâna corresponde al alma de ese inconmensurable Campo de Conciencia al que se da el nombre global de Dios. Absorber prâna, bien sea a través de prácticas respiratorias propias del yoga, a través de una alimentación de calidad, y sobre todo, teniendo una actitud que conduzca a la armonía con el Todo, es impregnarse de una onda de vida regeneradora.
Respecto al akasha, veo en él la expresión del Espíritu del Divino a través de la inmensidad de la Creación. El akasha es el material universal por excelencia que “se declina” en una infinidad de semillas de vida. Es lo Vivo en estado puro. Se sitúa en la raíz del prâna, tal como el prâna está en el origen de la Materia densa que conocemos…
Digo “que conocemos” ya que, a mi parecer, existe un estado de la Materia aún más denso que el nuestro. Es algo de lo que nunca se habla, pero para mí es algo evidente. Hay una postura intermedia entre la que afirma de manera ostentosa que nosotros los humanos estamos en la cima de la escala de la vida (entendiendo esta vida como la vida captada por nuestra razón), y la concepción que nos considera “pecadores” extraviados en algún lugar de la Creación. Lo que es evidente es que hay seres infinitamente más realizados que nosotros a nivel de la conciencia, pero igualmente que los hay mucho menos maduros. No me refiero con esto a los reinos animal, vegetal y mineral, ya que estos son reinos hermanos que están en la misma dimensión vibratoria que nosotros, sino a formas de vida que pertenecen a otros universos en los que la Materia es más pesada, menos maleable, y por ello está más limitada en su desarrollo que en el nuestro.
P: Volviendo a tu investigación, si la dimensión del sueño sirve para descargar los excesos acumulados por el alma, ¿la dimensión de la encarnación física serviría para descargar los excesos acumulados por el espíritu?
DM: No diría que la dimensión física descargue los excesos del Espíritu, sino que le ofrece la posibilidad a éste de perfeccionarse, permitiendo expandirse a la Creación, y por tanto a la Vida, investigando vías vibratorias cada vez más diversas.
Estoy convencido de que el paso por el estado físico, la visita de sus laberintos, es necesario para el Espíritu. El movimiento de la Caída en su comprensión cósmica es un fenómeno natural indispensable para ese movimiento de crecimiento que llamamos dinamismo de Reintegración o de Ascensión. ¡La densidad es el abono de la ligereza!  Mientras no lo hayamos asimilado no saldremos del juego de la Maya y reproduciremos de manera automática todos los reflejos de la dualidad.
P: ¿En qué puede ayudarnos concretamente este marco de lectura multidimensional? ¿A nivel de los miedos, por ejemplo?
DM : Cuando comprendemos mejor los componentes y el motor de la vida, cuando comprendemos mejor el lugar que ocupamos en ella, adónde vamos, cuáles son nuestros instrumentos y la amplitud de nuestra libertad… todo cambia. Dejamos de sufrir nuestra existencia, avanzamos con un plan de ruta, construimos, nos convertimos en los actores cada vez más conscientes de una Realidad que tiene sentido. Poco a poco aprendemos a extraernos de la dualidad y de una multitud de condicionamientos. Inevitablemente, de ello resulta la desaparición progresiva de los miedos. Es un punto esencial en el camino de nuestro renacimiento, es decir, en el camino de dejar atrás nuestros sufrimientos. La reconciliación con nuestra Esencia empieza ahí.
P :  Propones algunos ejercicios de meditación y de visualización para mejorar las relaciones con las diversas dimensiones del ser. Pero ¿no puede eso llevarnos a crear nuevas dimensiones imaginarias? ¿No podría ser otra forma de huir de la realidad?
DM : No lo creo. Cuando utilizamos una herramienta sabiendo lo que es, sabiendo que es más que eso, una herramienta, somos dueños de la situación. La imaginación es la herramienta principal de toda creación. Está en la base de la Vida.
Sin embargo, como decía antes, cuando se transmite una información o un método de trabajo, siempre hay un riesgo, es algo inevitable. Todo avance implica la asunción de un riesgo. Hay que saber jugar con la Maya sabiendo que es Maya. El propio Buda, así como todos los grandes avatares, utilizaron el principio de ilusión al tomar un cuerpo de carne y aceptando las reglas de la encarnación. En última instancia, podemos decir que el Buda se sirvió de la Maya para revelar la propia Maya.
Dicho eso, la expresión “huir de la realidad” que empleas sigue siendo reveladora del reflejo que tenemos anclado en el cuerpo y en la mente. Seguimos considerando más real nuestro cuerpo o nuestro lugar de trabajo, por ejemplo, que un “sanctum” que nos construimos para fortalecer la realidad de nuestra alma. Para mí, la expresión “huir de la realidad” debe emplearse entre muchas comillas.
P : ¿Cuál es tu experiencia sobre el fenómeno ovni? ¿Los ovnis son el resultado de una proyección holográmica de la conciencia, como han sugerido algunos psicólogos?
DM : Según mi propia experiencia, que es muy concreta en este tema, el fenómeno ovni como tal no tiene nada que ver con una proyección holográmica de ningún tipo… aunque sea consciente que un traumatismo psicológico, o bien experiencias orientadas a inducir imágenes mentales, puedan generar la impresión de percepciones de tipo ovni.
De hecho, las naves espaciales que se muestran de manera regular en nuestros cielos provienen de un solo y único espacio dimensional. Algunas vienen de mundos parecidos al nuestro en el plano vibratorio, mientras que otras provienen de dimensiones totalmente diferentes. Unas y otras tienen en común que manejan la maleabilidad de la Materia. Saben cómo densificarla o “etereizarla” en función de la zona vibratoria a la que quieran ir, es decir, de la burbuja holográmica que representan.
Hay que tener en cuenta que los mundos de los que son originarios la mayoría de ellos todavía viven en el principio de dualidad, en la Maya y en los hologramas. El hecho de que tengan una tecnología mucho más avanzada que la de nuestro mundo no significa que se hayan liberado del Principio de Ilusión. Los que las pilotan no son ni dioses ni ángeles, del mismo modo que nosotros no lo somos en relación a lo que fue el hombre de Neandertal. Utilizan zonas de desplazamiento de ondas para pasar de una realidad vibratoria a otra. Existen rutas interdimensionales.
Sí, hay civilizaciones del espacio que han desarrollado un conocimiento muy superior al que tenemos, o incluso al que podemos vislumbrar (lo que no es muy difícil), pero este conocimiento no les hace necesariamente criaturas omniscientes ni Maestros ascendidos. Todos los grados de conocimiento, de ignorancia, de sabiduría o de barbarie, están presentes en la inmensidad de las dimensiones del Cosmos. Y por muchas razones, nosotros todavía formamos parte de los bárbaros y de los ciegos… en todo caso de los pretenciosos.
Estoy convencido que lo que he aprendido en las experiencias que he tenido solo representan el inicio de la revolución de conciencias que nuestra especie vivirá en los próximos decenios. Si queremos sobrevivir como especie, tendremos que “pasar página” en nuestro corazón y nuestra cabeza, ya que los que opten por tener una actitud monolítica en el ámbito religioso, científico o simplemente humano se arriesgan a entrar en una zona de profunda desestabilización. ¿Por qué, habremos de tener miedo de cambiar, nosotros que, aparentemente, nos preocupamos por el estado actual de nuestro mundo?
Daniel Meurois
Entrevista realiza por la revista Neux