“Siempre hay dudas sobre la diferencia entre el juicio y el discernimiento. ¿Nos podríais hablar de estos dos conceptos?”


Hay la misma diferencia entre el juicio y el discernimiento que entre la violencia y la brutalidad. 
El Cristo y vuestro Hermano Jesús se permitieron la violencia en un momento dado, aunque solo fuera para sacar, lo sabéis, a los mercaderes del Templo de Jerusalén. Este acto era un acto de violencia, no era un acto de brutalidad. Queremos decir que en un acto de violencia, tal como se puede comprender, el ego inferior del ser no interviene. Es el enfado justo el que se expresa. Queremos decir que no es la naturaleza impulsiva, mezquinamente egótica y personal del individuo la que entra en juego, sino el principio superior que sabe que a veces vale mucho más la firmeza que todos los discursos.

El juicio, en cambio, es una forma de brutalidad. Es vuestra conciencia inferior, vuestro ego cotidiano y mezquino el que se expresa y trabaja sin daros cuenta. El discernimiento es algo completamente diferente. Es vuestro principio superior que aprende a leer. ¿Comprendéis exactamente? La integración de estas diferencias, o más bien de estas distinciones, no se aprende con un golpe de reflexión mental, se instala tras una muy, muy larga elaboración que debe realizarse en cada ser. No hay receta, lo sabéis.

“El milagro de la curación es semejante al de la música. Se dirige a los oídos del alma sin tener necesidad de ser traducido o comentado” 

“La Primeras Enseñanzas del Cristo”. Daniel Meurois
Ediciones Isthar Luna-Sol
Para descargar un capítulo del libro pinchar aquí: Capítulo 2: El papel protagonista