¿Y si volviésemos a la fuerza del mental en nosotros?

El Hermano Morya nos hacia partícipe de su reflexión acerca de este tema. Existen verdaderamente ventanas celestiales a través de las cuales somos observados desde Arriba.

Tan solo puedo lamentar una forma de letargo que veo poco a poco implantarse entre muchos de vosotros y que se extiende al conjunto de vuestras realizaciones en este lugar, en esta Tierra.

Al escuchar vuestros corazones, al escuchar el zumbido de vuestros razonamientos, al observar el nerviosismo con el cual construís y destruís algo en vuestra vida, veo que no habéis encontrado ni comprendido el por qué de vuestra llegada en estos lugares, ni tampoco el cómo y el por qué de la acción que habéis emprendido hasta ahora. He aquí la razón por la cual os hago, de corazón, esta pregunta: ¿habéis elegido realmente lo que tenéis que hacer en vuestra vida? Por supuesto, me contestaréis que sí. He elegido, hemos elegido, sino, no estaríamos en estos lugares, sino, nuestras vidas no girarían entorno a ciertas preocupaciones, sino, no actuaríamos de acuerdo con nuestro corazón.

Pero, os hago otra pregunta: ¿Actuáis a menudo como decís con la fuerza de vuestro corazón? ¿No sois más propensos a vivir según el mental del corazón, es decir, según una forma ilusoria de amor? Muchos de vosotros, os lo digo, estáis preocupados por un cierto confort personal, por un cierto bienestar, por un cierto egocentrismo, egoísmo.

También debo deciros que muchos de vosotros creéis ser el centro del universo. ¿Comprendéis todo lo que esto significa? ¡La mayoría de vosotros ha atenuado su capacidad de asombro!

¿Hasta tal punto estáis atiborrados de información y de todo tipo de don? Ya os habréis hecho, entre vosotros, estas preguntas que habrán protagonizado, a veces, algunos debates, algunas noches entre amigos. Pero en el día a día ¿qué respuestas aportáis? Estas palabras os atañen a todos, creedme. Es por eso que debo, una vez más, sacaros de vuestro letargo. No es cuestión de desarrollo personal puesto que no estamos hablando del desarrollo personal, sino de luz, de luz a nivel planetario, porque me parece que muchos de vosotros no sois conscientes del estado de desorden, de desbarajuste en el que se encuentra vuestro planeta no solamente como ser vivo, sino también su humanidad.

Es cierto que es fácil tener la conciencia tranquila cuando nos reunimos frecuentemente, cuando hacemos ciertas cosas con paz. Es fácil estar contento con uno mismo y dormirse porque sabemos que formamos parte de aquellos que han comprendido, que formamos parte, parece ser, de una elite que trabaja sobre sí mismo, que camina y que ayuda a los demás. Pero sed conscientes, sí, sed realmente conscientes de la zanja que existe todavía entre la pureza de vuestro corazón, la realización y la fuerza de vuestro corazón… y lo que emana realmente de vosotros.

¡Hermanos y hermanas, elegid vuestro bando!

No decimos esto por mantener una dualidad sino porque debéis, ahora más que nunca, deshaceros de una gran cantidad de falsos pretextos para no actuar… tan solo para mantener el confort. Muchos de vosotros creéis formar parte de una especie de élite espiritualidad. ¡Desengañaros! ¡Sois seres como otros muchos, seres que han sabido aprovechar las circunstancias que ofrecen la oportunidad de obrar para la humanidad! ¿Y qué hacéis de estas circunstancias?

Es bastante extraño observar que en los círculos que se dicen espiritualistas y que pretenden actuar a nivel planetario, cada uno tenga buenas razones para saberse en el buen camino y creerse superior a cualquier crítica. A mis Hermanos y a mí mismo, Morya, poco nos importa en realidad las discusiones y las peleas que, a menudo, os atañe, incluso las crisis de egoísmo que aún tenéis. Recordad que no actuáis para vuestros Hermanos de luz, sino que actuáis para vosotros mismos y para vuestros Hermanos terrestres. Entonces, ¿Por qué tantas charlas? ¿Por qué tanta energía desperdiciada? En verdad, poca cosa.

No he venido aquí esta noche para criticar y afirmar que no habéis construido nada valido… Lejos de mi este pensamiento. Bien sabemos la cantidad de trabajo ya aportado y los ideales que animan vuestro corazón. Pero, ¡no podéis dejarlo ahí, no debéis dejarlo ahí! ¡No podéis permitiros rendiros! ¡Tenéis que ayudaros a vosotros mismos, y a los demás! Porque vivís en cada uno de vuestros hermanos, en cualquier punto del planeta.

¿Comprendéis lo que intento deciros? Habéis puesto en marcha un motor. Ahora es cuando debéis alimentar ese motor sin que haya excusa alguna para no hacerlo.

¡Centraos! ¿Qué significa centrarse? Hace referencia tan solo a lo que queremos y a la manera de conseguirlo. Alejaos, alejad vuestra preocupación de cualquier vocabulario que remita a la espiritualidad. Esto no tiene importancia y está en el límite del “décorum”. Esperamos solo dos cosas: veros en acción, es decir, sed vosotros mismos, en lo más profundo de vuestro ser, más allá de las charlas, más allá de las palabras, de las actitudes que cansan y que son tan solo el reflejo de una superficie. Yo mismo, tal y como me oís a través de nuestro hermano Daniel, ¡no soy más que una máscara, una máscara, entendedlo! Debéis ir más allá de vuestra máscara, de la misma manera que debéis buscar más allá de la voz que os habla aquí esta noche. Vuestro Hermano Morya que os habla ahora: ¿Quién es? ¿Qué os dice? ¿Es un ser ascensionado que os está dando una lección moralista? Si comprendéis esto, entonces, habréis comprendido bien poco.

Buscad cual es la Fuerza, cual es el Sol que se esconde tras esa máscara y por qué intenta estimularos de este modo. Mientras, por un lado esté esa tarea, ese ideal pendiente de realizar y por otro lado estéis vosotros, dentro de lo que conocéis de vosotros mismos, no habréis comprendido lo esencial. Podría comentar todavía más sobre esta energía, sobre esta fuerza de amor, de voluntad que espero crear o despertar en vosotros esta noche… pero creo que quizás un poco de silencio es a veces mejor que cualquier palabra.

Si hemos confiado en vosotros, si sigo aquí esta noche con vosotros y con otros Hermanos es porque sé, sabemos que hay todavía y cada vez más la chispa de acción.

Así que por favor, ¡despertadla! Porque nuestra confianza se puede todavía justificar. Seguid pensando sobre estas cuantas palabras y no le echéis la culpa al otro. Sed conscientes de vuestras debilidades, ahí donde vuestro egoísmo o vuestra ceguera os empujan muy a menudo…

Daniel Meurois