Señor todo poderoso tu que no tienes nombre y que eres memoria a través de la eternidad de los tiempos.

Tú que eres Perdón total y que conoces la historia de mi alma, sáname de la carga de mi pasado, tú que antes de mi nacimiento has leído en el vientre de mi madre, tú que has escuchado mi corazón latir antes de que latiera y que has recogido en él las lágrimas de mis antiguos sufrimientos, sáname de mis recuerdos.

Tú que me has hecho poner las plantas de mis pies sobre este suelo y me has dejado toda la libertad de caminar, de crecer así como de tropezar, libérame de las raíces de mis dudas.

Tú que me has permitido probar todos los apegos, sáname de mi apetito por los servilismos.

Tú que me has visto crecer, empequeñecer y a menudo rechazar la mano que me tendías, tú que me has visto hundirme hasta llegar a negar tu presencia en lo más profundo de mi vida, sáname de mi falta de amor y de mi ceguera egoísta.

Tú que me has sostenido cuando yo ya no me sostenía más y que has sabido ocultarte con el fin de que pueda medir mejor mi arrogancia, Tú que me has dejado que me confunda con mi sombra, utilizar la fuerza y las palabras que matan, sáname de mi piel cubierta de escamas.

Tú que conoces mis heridas y que lees cada arruga grabada en mi corazón, Tú que me perdonas cada una de mis debilidades y guardas tu confianza en mí cuando yo sé tan poco amarte en mí, sáname del olvido de ti.

Señor todo poderoso, Tú que no tienes nombre y tienes Memoria a través de la eternidad de los tiempos, Tú que eres Perdón total, sáname de mi pasado a través de la Belleza y de la Fuerza de tu eterno Presente en mí así como en todos los seres y en todas las cosas.

© Daniel Meurois