Hermanos, solo habrá un Amor… y sin embargo hay siete puntos de amor sobre vuestro cuerpo, siete maneras de amar. Nos gustaría, con el fin de incitaros a conoceros mejor, que intentarais penetrar vuestro propio secreto…

Nos gustaría que hicierais un regreso hacia vosotros mismos con el fin de que sepáis mediante qué punto de vuestro ser amáis. No os proponemos una introspección, sino que se trata de una base de meditación con el fin de comprender dónde se sitúa el punto real de sensibilidad de vuestro estado presente.

En el profundo silencio interior de una incursión lúcida y serena dentro de vosotros mismos, se os deberá aparecer. Os saltará al alma como el nudo de vuestra situación actual. Haced esto sin complacencia, sin juicio, con un gran respeto por vuestro cuerpo y por vuestra conciencia profunda. Sentiréis latir un órgano, sentiréis cómo un chacra es estimulado, sentiréis vivir una zona con una fuerza insospechada… Ese será el punto. Sabréis que es de ahí de donde parte vuestro amor… y que tal vez es de ahí también de donde surgen vuestras dificultades.

Si se os pidiera que indicaseis el lugar por el que el amor debe manar de vuestro ser, seguramente hablaríais del corazón y sin duda tendríais razón. Pero sabed que el corazón al que hacemos alusión no tiene un lugar privilegiado en vuestro ser. El corazón debe ser Cristos, Su presencia real en cada uno de vuestros órganos, en cada una de vuestras células. El corazón de amor no debe latir más en el centro de vuestro pecho que en la planta de vuestros pies.

La mente del corazón es una trampa mayor. Clava el Amor a lo que creemos que es el amor al nivel estricto de un chacra o en el fondo de una caja torácica. La Luz absoluta no puede satisfacerse con estas limitaciones. Golpeará sin parar la puerta de vuestro ser, de vida en vida, mientras no haya investido hasta el más humilde de vuestros átomos. El corazón de vuestros pechos no es otra cosa que el punto de convergencia de la capacidad de amor de todas las fuerzas, de todos los órganos que os constituyen.

El amor que no resulta de la pureza de acción de los otros puntos clave de vuestro cuerpo –de vuestros cuerpos– creará a menudo un desequilibrio, el de la emotividad. ¡Así que transmutaros! Todo nuestro Amor intenta conduciros hacia ese punto último en el que la voluntad de Paz y la voluntad de Don dejan de estar unidos con el acto de querer.

Sed vosotros mismos, con toda naturalidad, a través de la relajación de vuestros ego

Aceptad toda nuestra paz y estas palabras no como consejos sino como un abrazo de nuestras almas a las vuestras. Todo esto con el fin de avanzar, hermanos amados…

Vuestro hermano Djwal Khul

Extraído del libro “Lo que Ellos me dijeron”
Daniel Meurois