La Divinidad no define, no delimita, no impone nada sino que sugiere. En este aspecto, concede a nuestra alma aquello que más necesita: libertad absoluta para expandirse.
La Divinidad es una tentativa de evocación y de percepción de esa fabulosa Corriente de Vida que circula a través del Universo e incluso más allá de lo que podemos concebir de Él. Esboza en nosotros ese increíble Campo de Conciencia infinitamente inteligente por ser infinitamente amoroso que impregna -a menudo de incógnito- todo, absolutamente todo lo que existe.
Por tanto y partiendo de esta óptica, la Divinidad es, por esencia, inaprensible. No tiene mirada de hombre ni de mujer y menos aún de juez. Hay que captarlo como una Onda o una Corriente, que lo impregna todo y lo embebe todo.

No es una opción en la Vida ni pertenece a ninguna Tradición, sino que es la Vida misma, una Vida en la que participamos cada nano segundo de nuestras existencias, lo queramos o no.

También La podemos imaginar como un Fuego, un brasero cuya Presencia manifiesta en mayor o menor medida cada ser en él mismo, bajo la forma de una chispa que busca recordar y crecer.
¿Son éstas unas imágenes simbólicas? Sí y no… porque los símbolos y los arquetipos son el lenguaje primero de la Divinidad(1), ese cuyo sentido debemos esforzarnos en penetrar cuando las palabras son impotentes.
El Divino es de hecho “El Sin-Nombre” que evocaban algunos de los antiguos pueblos que dieron origen a nuestra cultura. Es evidente que aun diciendo “El Sin-Nombre”, ¡le nombramos! Tal vez sea esta contradicción casi insalvable la que ha llevado a algunos místicos a hacer voto de silencio…
La noción de Divinidad no expresa la sensación de una Presencia en nosotros sino la Presencia, esa misteriosa chispa de Vida que brilla a través de cada mirada. Lo que hay de maravilloso en Ella es que no impone ningún credo, ningún rito. Se contenta con ser… Lo que es más que suficiente pues es la llave de acceso a ese “nosotros mismos de paz y de felicidad” que buscamos desesperadamente por todas partes.

ADVAITA Cómo descubrir tu divinidad
Daniel Meurois
Ediciones Isthar Luna-Sol