La cuestión del orgullo es la cuestión más importante que se le plantea actualmente a la humanidad. Lo que tiene atrapada a vuestra humanidad desde hace millones de años es simplemente su muro, aparentemente infranqueable.

La mejor manera de deshacerse del orgullo es no considerarlo precisamente como un muro, un muro que querríamos derribar a cabezazos. Para franquearlo, ¡un muro se puede simplemente rodear! Y es posible rodearlo con el humor que ayuda a tomar distancias con respecto al papel que se juega, con respecto a las responsabilidades que se adquieren y también con respecto a las situaciones que hay que afrontar. ¡Dejad de afrontar las situaciones y las personas! Dejad de querer ser conquistadores respecto a las situaciones y los seres cultivando un poco más la alegría de ser en el momento y la risa ante los obstáculos.

Hay un consejo que también os podemos dar: es el de analizar el miedo más grande con el que funcionáis. Con ello os volveréis más fuertes y vuestra fuerza socavará poco a poco el deseo de “hincharos” y de reforzaros ante los demás y el mundo. Es el deseo de reforzaros y de hincharos lo que hace que regularmente nazcan en cada uno terribles arrebatos de orgullo. Sabed sin embargo, que a partir del momento en que se reconoce el propio orgullo, no estamos lejos de poder superarlo. Fijaros que decimos superarlo y no derrotarlo… puesto que toda idea de combate, de guerra o de lucha tiene que alejarse definitivamente de vosotros. Si insistís en querer ser guerreros, ¿cómo imagináis que el humor pueda actuar?
Vuestro Hermano El Morya
Extraído del libro “Lo que Ellos me dijeron” de Daniel Meurois. Ediciones Isthar Luna Sol